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Dar expresión visual a un centro cultural mutante
Las Naves es un centro de creación e investigación cultural con una vocación transformadora. Creamos una marca para un centro que persigue mejorar el tejido social mediante la emprendeduría y la innovación.
En el barrio valenciano de Poblats Marítims, un conjunto de antiguas naves industriales de la calle Joan Verdeguer alberga uno de los grandes equipamientos culturales de la ciudad: un centro de creación contemporánea al servicio de los sectores creativo, cultural y del diseño.
Creamos una marca mutable para un espacio mutante: un código visual capaz de transformarse con cada nueva propuesta.
Más que un edificio, Las Naves era un espacio mutante. Bajo un mismo techo cabían salas de ensayo, un plató de foto y vídeo, un espacio escénico, un vivero de emprendimiento, una sala de exposiciones, un think tank, una biblioteca y una mediateca. Según el día y la hora, el mismo lugar era escenario, plató, aula o sala de lectura.
Una marca con un programa de identidad sólido y contemporáneo.
La identidad que desarrollamos en 2015 parte de su naturaleza multifuncional, una marca tan mutable como el espacio que nombra. La concebimos como un tablero mecánico de salidas —el de estaciones y aeropuertos—, con cada letra en su casilla, lista para voltear y recomponerse según lo que ocurra dentro. Una tipografía robusta, heredada de la señalética fabril del edificio y puesta en movimiento. Naves como memoria industrial y como vehículo hacia lo que aún no existe.
Un plan de señalización para un espacio en constante cambio. Cambiar el concepto a contrareloj.
Disponíamos de un mes para el relanzamiento de Las Naves. El 30 de junio celebrábamos nuestra primera reunión de trabajo y el 1 de septiembre el espacio debía mutar. Quizá esa forma acelerada de transformarse marcó la pauta del futuro de su programación: activa, joven y diversa. Teníamos que elegir un sistema capaz de reponerse de inmediato y que no afectara a la superficie ni a la estructura del edificio, así que optamos por vinilo de corte, que se fue incorporando a cada ventana y cada muro.
Una pauta que se lee de un vistazo. Un sistema de diseño sencillo, rotundo y económico que traduce la diversidad de la programación en un lenguaje visual reconocible.
Esa lógica recorre cada aplicación. El programa mensual, la pieza más reconocible, funciona como un fanzine a dos tintas —un duotono distinto en cada edición—: un soporte sencillo, rotundo y barato, donde la casilla del tablero se agranda para marcar el mes (una «F» de febrero) y un sistema de etiquetas ordena una programación tan diversa como el propio espacio.
El tercer y último proyecto dentro de Las Naves, una sala que lleva la escena a otro nivel y que hoy sigue viva bajo el nombre de La Mutant.
Espai Mutant fue el tercer y último proyecto que desarrollamos dentro de Las Naves, y también el que llevó la escena a un nuevo nivel. Diseñamos todo un plan que recorría desde la señalización de la sala hasta los programas de mano o la rotulación de las butacas. El objetivo era transformar La Nave 3 en un espacio camaleónico, capaz de albergarlo todo: danza, teatro, performance, rock, música experimental y premieres de cine. Una versatilidad que ha resistido el paso del tiempo: hoy sigue en marcha y sigue llamándose, como herencia de aquella nomenclatura, La Mutant.