El ritmo del cuerpo, del sonido a la danza.
De la expresión corporal de Dansa Valencia a la puesta en escena de Tercera Setmana.
Habitar la escena es una forma de mostrar la riqueza cultural de un pueblo. Y transformarla, una manera de mantenerla viva. Bajo esa idea llegaron a nosotros estos proyectos, prolongación natural de nuestro trabajo en espacios culturales y unidos por un mismo pulso: el del cuerpo en movimiento. De la expresión corporal de Dansa València, festival de danza del Institut Valencià de Cultura para el que desarrollamos la imagen durante tres ediciones, a la puesta en escena de Tercera Setmana, festival internacional de artes escénicas cuyo nombre evoca esa "tercera semana" de programación a la que aspira todo buen espectáculo.
Cada temporada partía de un concepto que ordenaba todo el planteamiento visual.
Cuando empezamos con Dansa València, el punto de partida fue el sonido de la danza: un elemento casi intangible que trasladamos a la propuesta gráfica mediante la distorsión de las ondas, como si el movimiento pudiera verse antes de escucharse. En la edición siguiente, bajo el lema Territorios singulares, cambiamos de registro para contar el cuerpo como un espacio en el que ocurren cosas: un territorio propio, con su geografía y sus acontecimientos, donde la danza sucede.
Territorios singulares:
el cuerpo como lugar.
En su 33ª edición (2020), Dansa València propuso Territorios singulares: repensar la territorialidad a través del movimiento y entender cada cuerpo como una geografía propia. Bajo esa idea planteamos una imagen en la que el cuerpo deja de ser solo intérprete para convertirse en espacio y sujeto de creación —un territorio donde ocurren cosas, con sus relieves, sus fronteras y sus acontecimientos.